Alto monte el Olimpo, do se escribe
que no llega a subir ningún nublado,
ni alcanza allá el furor apoderado
del viento, por más chozas que derribe,
sobre sus altas cumbres me recibe
porque allí esté seguro y sosegado,
un claro amor, que el alma me ha ilustrado
con la clara virtud que en mí concibe.
Miro de allí do estaban los amores
que perdido en el mundo me traían;
y miro por cual arte sus errores,
concibiendo dolor, maldad parían.
Nacieron de la cual otros dolores
que en deshonra medraban y crecían.