El Laurel que ganaron los Romanos,
y las glorias que en Césares se vieron
todas hoy en tus sienes se ciñeron
convencidas de afectos cortesanos.
De Divinos discursos, no de humanos
bañas tu pluma, pues de un Héroe fueron
los méritos, que en él tanto lucieron.
Que por suyos se vienen a tus manos
erija estatua el ínclito desvelo,
pues de elocuencia un Templo levantaste.
Que siendo tú el artífice, recelo
haya quien le profane, pues su engaste
son nuevos rayos del Divino Apolo.