Qué bien manchado está el heroico acero,
qué bien teñida miro la cuchilla,
que es timbre generoso de Castilla,
y el renombre te ha dado de guerrero.
Fuerte Campeón, Ilustre Caballero,
el Ebro te admiró en su verde orilla,
y el Borrén oprimido de la filla
tu lanza dio a Marsilio el fin postrero.
Qué paveses, qué feudos, qué pendones
qué glorias, qué trofeos militares,
no alcanzaron tus ínclitos Leones.
Todos penden Bernardo en los altares,
y en el Templo de Marte por blasones
de tu brazo, que admiran ambos mares.