Amor dulce prisión de los sentidos,
alma de la razón, mal adorado,
a quien suele el afecto más callado
decirte sus incendios oprimidos.
Ya que de estos ardores bien nacidos
fundas tu ley, y tu razón de estado
como el paso que adora mi cuidado,
te ofenden de mi llanto los gemidos.
No se queja el dolor de su porfía,
que hace menos osado su tormento
cuando juzga las causas por quien lloro.
Lo que pretende (Amor) mi idolatría,
es, que en mi pecho infundas más aliento,
porque alimente este Volcán que adoro.