Descansa en este Mármol yerto, y frío,
el famoso Esquivel, el gran prelado,
a cuyo silbo, y golpe del Cayado,
el indócil rebaño cedió el brío.
Su sal gusto, y el caudaloso río
de su doctrina, se bebió sagrado,
logrando por su celo y su cuidado,
el invierno el redil, sombra el estío.
Inquiridor de glorias con desvelo,
cavó las grutas, e inquietó el reposo,
de tanto Divo Atleta cuyo vuelo,
las esferas cortó majestuoso,
labróles Panteón, y subió al Cielo,
con multitud de mártires glorioso.