Aquella rabia del Amor ardiente,
aquella fiera, y engañosa Hiena,
aquella muerte viva, y dura pena,
aquel, mal que se busca, y que se siente.
Aquel cruel, y bárbaro accidente,
que el alma arrastra, y el discurso enfrena,
de las potencias mísera cadena,
hijo bastardo de bastarda gente.
Los Celos, o la Furia del Abismo,
me han puesto en este estado pasajero,
ten lástima de mí piedad humana.
Pues aun aquí su necio barbarismo,
los huesos me consume, y el postrero,
día, no es fin de su crueldad tirana.