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1627–1703

- CII - Quéjase del rigor de Lisi

Joseph de Litala y Castelvi

Como corcilla fugitiva herida, que al dictado corrió, y a los cristales, en cuyos limpios cándidos raudales mitiga su dolor, y halla la vida.

No de otra suerte yo, dulce homicida, derramando por lágrimas, corales, busco para el alivio de mis males la fuente de tu gracia merecida.

Lisi, yo muero, llama exhala ardiente el corazón, que tu beldad adora, dígalo de mis ojos la corriente. Piedad Lisi, piedad divina Aurora,

te mueva la crueldad que el alma siente, y pues eres deidad mi mal mejora.

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