La tarde se pasea como convaleciente por el verdor espeso de los cañaverales Desflécase una lluvia de menudos cristales; y el paisaje retiembla como a través de un lente.
Las chimeneas rojas de la fábrica ingente dan la impresión de un barco que espera las señales para zarpar, y cuyas campanas funerales de vez en cuando vuélcanse acompasadamente
Tal cual palmera impone contra el cielo su estampa de abanicos, que luce calado el varillaje Las nubes fugan Chillan los insectos Escampa Y un acordeón rústico alarga un danzón vago,
que se disuelve sobre la angustia del paisaje como un jirón de niebla sobre la paz de un lago. Renunciamiento Anchura para nuestras miradas y oración para el duelo de nuestros corazones
Es la hora propicia de las meditaciones, de los poetas tristes y de las bienamadas En los cañaverales se oyen chocar espadas; en las nubes se miran galopar escuadrones;
y las rubias palmeras fingen crin de leones que sacuden al aire sus cabezas colgadas ¡Oh visión opresora de la muerte del día sobre el campo! ¡Oh tristeza que difunde lo verde
dilatándose bajo esta parada agonía! La añoranza imperiosa La esperanza tardía La emoción que se agranda La extensión que se pierde Y un murmullo que empieza: -Dios te salve, María
¡Llena eres de gracia, madre Naturaleza! Tú pones en mis ojos este Edén no perdido; tú pones las más hondas palabras en mi oído: tú pones el más alto laurel en mi cabeza
Y desde que en ti acaba todo lo que en mí empieza, te hago saber ahora lo que de ti he aprendido: sólo por ti mi verso tiene este buen sentido de la melancolía bajo la fortaleza
Naturaleza madre: todo mi amor es tuyo En los cañaverales soy un vivaz cocuyo, que horada la espesura con un furor cruel Y en las palmeras sueño con la triunfal entrada
en el corazón mismo de la mujer amada de besos tropicales más dulces que la miel El acordeón rústico envuelve en un son lento y monótono el alma del paisaje sensual:
es un danzón que ondula como una cinta el viento o como el rizo de una fontana de cristal La tarde se deshoja, con el recogimiento de una monja que sueña lejos del bien y el mal,
y la eglógica música aletarga el momento y circunscribe toda la vida tropical Acordeón, que tienes vaivenes de resaca: algo hay en ti que rima con la nerviosa hamaca,
en donde la pereza se mece en blando son Así, bajo el penacho de familiar palmera, mientras se va muriendo la tarde, el alma entera del trópico, parece que rima una canción
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