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1822–1856

Al devolver las poesías de Espronceda a una amiga

José Gonzalo Roldán

El blanco lirio que a la mar arrojas no al tallo volverá do se mecía; su perdido esplendor y lozanía nunca recobran las marchitas hojas

Cuando tu vida de ilusión despojas del encanto mejor que ella tenía, no pretendas sentir como sentía Elvira incomparable sus congojas

Hermosa tempestad para tu alma fue aquel afecto que amistad llamaron; luz de tu sueño, y de tus penas calma Las dulces confidencias se acabaron

Murió la fe, se deshojo la palma las nubes de zafir se disiparon.

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