Aquellos claros ojos que solían
a mi cansada vida dar reposo
con solo un bien mirar dulce, amoroso,
por quien todos mis males fenecían;
ahora de otra suerte se volvían,
con un furor airado y enojoso,
en cuya alegre vista y ver furioso
mis males todos juntos se perdían
¡Oh desleal Amor, que procuraste
que fuese sólo el ver sola mi gloria
y que de allí viniese el mayor daño!
¿Por qué no dejas libre la memoria,
pues las demás potencias me quitaste,
mostrándome tan claro el desengaño?