Te alzas en mis ensueños como un himno sonoro,
Como un incienso cálido de eternas primaveras,
Como un deslumbrador cáliz de carne de oro
Bajo el repique tenue que forman tus pulseras.
Del templo de mi amor en los dormidos flancos
Se hizo un eco tu voz amada y musical,
Y del ara surgían tus piececitos blancos
Como mi más sagrada ilusión inmortal.
Quisiera en mi delirio de amantes ilusiones,
En vez de sólo uno, tener mil corazones
Para poder amarte como jamás se amó;
Y mira si te quiero, mira si no estoy loco,
Que aun así me figuro poder amarte poco,
¡Amarte mucho menos de como te amo yo!