He dejado tus largos cabellos destrenzados
Sobre el ámbar fragante de tus áureas espaldas,
Y be llenado los dedos de tus pies perfumados
¡De sortijas de perlas y ópalos y esmeraldas!
Después be abierto mi alma, mis brazos y mi risa,
Y te be llamado a gritos y a besos por las salas,
Y has llegado basta mí caminando indecisa,
¡Como un niño pequeño, como un ave sin alas!
Luego yo te be cogido lo mismo que un capullo,
Y te has ido doblando al soplo de mi arrullo,
Sin más rumor despierto sobre el idilio hecho,
Que el tín tín de los hilos de tus pulseras de oro
Y tu collar de oro al palpitar sonoro
¡Sobre el divino ámbar de tu desnudo pecho!