Él es, ¡Jesús! su frente ensangrentada
Sobre el pecho anhelante que suspira,
A sus plantas la madre que delira
Contemplando la víctima sagrada.
En torno la turba escomulgada
Que por el monte pavoroso gira,
Sedienta de emoción de sangre y de ira
¡Oh! la turba, la turba encanallada.
Más muere ya, el níveo añil del cielo
La niebla de la noche entenebrece,
Y se rasga del templo el claro velo.
De ¡Dios! mil labios repercute el nombre
Tiembla el infierno, la creación se mece,
¡Solo no siente el corazón del hombre!