Era mi vida un árbol sin hojas y sin flores
Perdido del espacio en las azules lomas;
Pero surgiste tú, amor de mis amores,
Y todo se llenó de cánticos y aromas.
Se cubrieron mis ramas de verde terciopelo.
En mi copa los pájaros escondieron su nido,
El sol besó mi vida desde el azul del cielo,
Y todo fué en mí germen, savia, vida, latido.
Cálida y nueva sangre a mi existencia oscura
Dio amorosa y gentil tu oriental Hermosura,
Tu mirada, tu boca, tu sonrisa, tu olor. . .
¡Y un día, estremecidas mis hojas y mis flores,
Te vieron en mi pecho abriendo tus colores
Como una margarita divina del amor!