María: Tú dormías dulce y serenamente
En tu lecho de plumas y flores perfumadas,
Porque eres la encantada, bellísima durmiente,
¡Que suspira en el oro de los cuentos de hadas!
El dragón de la gloria con sus ganas hirientes
Y sus alas de fuego velaba tus sonrisas,
Y por no despertarte se callaban las fuentes,
[Se callaban los pájaros, se callaban las brisas!
Para llegar a tí, yo desnudé el acero
De mis épicos versos. Soñador y altanero
Traspasé el corazón de la fiera gloriosa,
Y al rendirla a mis pies en la hermosa aventura
Alcé sobre ella un trono digno de tu hermosura,
¡Mientras sobre mi pecho se encendía una rosa!