Abrióme Amor, con diestra mano, el lado
izquierdo, y en el pecho, ya herido,
un árbol puso, que ha en color vencido
el más hermoso y verde colorado
Para que de mis penas el arado
y el aire de mis ansias encendido
le críen y le adornen, y el crecido
humor, por mis mejillas derramado
Honor, fama, saber, virtud que espanta,
casta belleza en hábito divino,
son las raíces de esta ilustre planta.
Yo, triste, de tan rico peso indigno
(pecho por tierra), como a cosa santa,
la adoro y reverencio de contino.