Sombra fresca, agua clara, verde asiento,
tierras alegres y olorosas flores,
lugar secreto que de mis dolores
y quejas escucháis el triste acento.
¡Así rigor de hielo, lluvia o viento,
no turbe vuestro estado y mil Amores
volando en torno con los ruiseñores,
perpetuo albergue os hagan de contento!
Guardad en vos eterna la memoria
del bien que Amor aquí prestó al deseo
que tanto tiempo en mí cual fuego ardía:
De suerte que el que oyó mi breve gloria
en Filis reconozca y Melibeo
su terrible mudanza y la fe mía