El rastro de sus actos sólo en la noche imprimen.
La sangre envenenada de Judas Izcariote
.se escurre por sus venas sin que nadie lo note;
ni los son los engendros de la Sombra y el Crimen.
Son prófugos bifrontes que abren la risa ó gimen
—para cubrir sus vicios y la ruindad no flote—
i-.uando hierven sus planes bajo el falso añascóte
de la apariencia, mientras el instinto comprimen.
Yo vengo de los trágicos festejos de la Vida
con un gran desencanto y una profunda herida...
Extenuado peregrino de senderos sin luz
sé noble como el Cristo que agonizó en la cruz:
perdona si al brindarles tu más bella guirnalda
en cambio te clavaron sus dagas en la espalda.