Todo lo abarcó su altiva mirada,
y afiló sus garras, sacudió sus hombros,
y mientras la fiera entre los escombros
profanaba el seno de la Patria amada,
igual que una flecha, la águila imprevista
cayó sobre el lomo del león de Iberia;
li! acosó, le hirió, rompióle una arteria,
y le arrancó aquellos ojos de conquista.
Hubo luego un lapso de bonanza y paz,
mas pronto en los lares se impuso el nuevo amo.
Itesuelta, indomable, con ánimo audaz,
madre Filipinas protestó indignada...
pero al grito bélico que lanzó en reclamo
¡solo oyó la réplica de una carcajada!