Un joven decadente. En su mirada obscura
na adivina que una pesadilla en asecho
ln oprime el corazón, lo anega de amargura...
Las tres, y en vano busca el reposo en su lecho.
-lista mujer, musita, no me será perjura?
ii Despreciará algún día el pacto que hemos hecho?
\M nieve de su amor seguirá siendo pura?—
Pronto sintió la réplica de un dulce abrazo estrecho.
—No dudes. Cuando salves « maldecido abismo
que .a los dos nos separa; cuándo de tu existencia
el hilo ceda al peso de tu infortunio mismo,
nomo acompaña al viento la delicada escencia,
¡iré también contigo, ensueño de mi vida!
¡imitaré tu gesto de trágico suicida!