Anima devota, que en el signo
e santo nombre estás contenplando,
e los sus rayos con viso aquilino
solares miras fixo, non vagando,
serás perfecto e discípulo digno
del pobre seráphico; guardando
el orden suyo ganaste el devino
lugar eterno, do vivís triunfando
Ningunas dignidades corrompieron
el fuerte muro de tu santidad;
sábenlo Siena, Ferrara e Orbino
Nin las sus ricas mitras conmovieron
las tus ynopias, nin tu pobredad;
por mí te ruego ruegues, Bernaldino