Si ánima alguna tú sacas de pena
por el festival don, es hoy la mía,
pescador santo, uno de la çena
de la devinal mesa e compañía
Tú convertiste la flama egehe(n)la,
en la cual grandes tiempos ha que ardía,
en mansa calma, tranquila e serena,
e mi grave langor en alegría.
Pues me trayste, Señor, donde vea
aquella que en ni(ñ)ez me conquistó,
a quien adoro, sirvo e me guerrea,
e las mis fuerças del todo sobró;
a quien deseo e non me desea,
a quien me mata, aunque suyo só.