Non es el rayo del Febo luciente,
nin los filos de Arabia más fermosos
que los vuestros cabellos luminosos,
nin gemma de topaza tan fulgente.
Eran ligados de un verdor plaziente
e flores de jazmín que los ornaba,
e su perfecta belleza mostraba
cual viva llama o estrella de Oriente.
Loó mi lengua, maguer sea indigna,
aquel buen punto que primero vi
la vuestra imagen y forma divina,
tal commo perla o claro rubí,
e vuestra vista társica e benigna,
a cuyo esguardee merçed me di.