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1518–1580

- XXV -

Hernando de Acuña

La grave enfermedad que en Silvia vía lloraba triste su pastor Silvano, cuando, mirando en la siniestra mano, le vio un agudo hierro que tenía,

así diciendo: «De la furia mía guárdese todo corazón humano». ¿Y qué hará con alegre gesto y sano la que doliente y tal esto hacía?

Mostró que, pues peligro descubierto tan claro desengaña al que le viere, huyan todos la muerte conocida, porque el daño mayor está encubierto,

que el triste que a quererla se atreviere harto más aventura que la vida.

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