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1518–1580

- XIII - Ícaro

Hernando de Acuña

Con Ícaro, de Creta se escapaba Dédalo, y ya las alas extendía, y al hijo, que volando le seguía, con amor maternal amonestaba:

Que si el vuelo más alto levantaba, la cera con el sol se desharía, y en el mismo peligro le pondría el agua y su vapor, si más bajaba.

Mas el soberbio mozo, y poco experto, enderezóse luego al alo cielo y, ablandada la cera en la altura, perdió las alas, y en el aire muerto,

recibiéndole el mar del alto vuelo, por el nombre le dio la sepultura.

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