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1518–1580

- LXIX -

Hernando de Acuña

Después, Amor, que me privó tu mano de aquella vista en que vivía seguro, es vuelto en escabroso estilo y duro el mío, que antes era humilde y llano;

y en tal extremo, que si el más liviano dolor que siento declarar procuro, voy por áspera peña o alto muro para haber de llegar al más cercano.

La lengua al pronunciar está turbada, que en tantas tan dañosas ocasiones cada cual se le ofrece por primera: así sale la voz flaca y cansada,

y tan confusa de entre mil pasiones, que de ninguna da razón entera.

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