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1520–1554

- III -

Gutierre de Cetina

En un bastón de acebo que traía por sostener el cuerpo trabajado, Vandalio de su mano había entallado la imagen que en el alma poseía.

Y como que presente la tenía, mirando de ella el natural traslado, envuelto en un suspiro apasionado, con lágrimas llorando le decía:

«Dórida, si mirando esta figura siento el alma encender, siento abrasarme, piensa qué será ver tu hermosura. Si así puedes ver tu hermosura

di cuándo acabará mi desventura. Mas no querrás hablar por no hablarme.»

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