Tanto tiempo he en amar perseverado
que el flaco ingenio, rústico y grosero,
un pensamiento blando, a ratos fiero,
poco a poco lo ha hecho delicado;
y aquel sujeto vil atrás dejado,
que suele a un amador no verdadero
desviar de aquel bien puro y sincero,
en los amantes de hoy tan poco usado.
Ya sé hacer de sabio diferencia
entre amor y un deseo que es lascivo;
sé cuánto el uno más que el otro vale.
Mostrádome ha mi mal por experiencia
que un triste desear, fogoso, esquivo,
no es amor, ni de amor nace ni sale.