¡Qué presto el tiempo, Nise, se ha mostrado,
en una queja sola, mil tormentos!
Pues me vuelve en pesares los contentos,
que siempre duplicó lo venerado.
Decir, Nise, que falta mi cuidado,
bien puede industria ser de tus intentos,
que en mi celo acreditan sentimientos,
y en ti lo verifica el retirado.
Pero si en esa duda al tiempo dejas
de mis verdades sólo las razones,
de tus retiros tantas experiencias;
calle mi queja la razón de quejas,
y mi oblación repita obligaciones,
que amor publicará las evidencias.