Una, dos, tres estrellas, veinte, ciento,
un millón, mil millares de millares;
¡válgame Dios, que tengan mis pesares
su retrato en el alto firmamento!
¡Qué siendo las estrellas tan sin cuento,
como son las arenas de los mares,
las iguale en sus números impares
mi pesara, mi desdicha y mi tormento!
¡Mas yo de qué me espanto o qué me abismo!
Tenga ese alivio en fin mi desconsuelo,
que se va pareciendo al cielo mismo.
Pues pudiendo mis males por más duelo
semejarse a las penas del abismo,
tienen su semejanza allá en el cielo