Si mi vida pudiese defenderse
tanto de sus tormentos y sus daños
que, por virtud de sus postreros años,
vea vuestra hermosura oscurecerse,
y los cabellos de oro plata hacerse,
y dejar la guirnalda y ricos paños,
las galas y los trajes -tan extraños
que hacen mi afición más extenderse-:
allí me dará amor atrevimiento
para poder decirrle mi cuidado,
los años, días, meses y el momento.
El tiempo contrario es a tal estado;
mas tanto no será, que mi contento
no llegue algún suspiro, aunque cansado