Nunca gozó al tierra castellana
más gentil y perfecta criatura
Era su tez tan sonrosada y pura
como el nítido albor de la mañana
Tenía su mirada soberana
el brillo de un lucero en noche oscura,
y exhalaba su púbera hermosura
el frescor aroma de la flor temprana
Como el gorjeo halagador del ave
que canta en libertad, era su acento,
a un tiempo mismo, arrebatado y suave
¿Quién competía, en le risueño coro
de alegres niñas, con aquel portento
de ojos azules y cabellos de oro?