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1832–1903

El único día del paraíso – XII

Gaspar Núñez de Arce

Y la celeste bóveda enlutada es para su creciente desconcierto, urna de un mundo desquiciado y muerto que toca en los confines de la nada

Llenos de horror, con la razón turbada y el semblante de lágrimas cubierto, por aquel vasto y lóbrego desierto van a tientas siguiendo su jornada.

Su propio pensamiento los hostiga, la sombra todos los caminos cierra, y es mayor por momentos su fatiga. Hasta que el susto embarga sus sentidos

y dan, como cadáveres, en tierra por su medrosa ofuscación vencidos.

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