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1832–1903

El único día del paraíso – X

Gaspar Núñez de Arce

El sol, al trasponer la última cumbre, su disco agranda y por instantes crece, y está tan encendido, que parece el rojizo horizonte, un mar de lumbre.

¡Oh Dios! Bajo su enorme pesadumbre se precipita el sol ¡Todo fenece! Eva temblando grita y desfallece, presa de su mortal incertidumbre

¡Es el incendio, es el incendio!, -gime desesperado Adán- ¡Tal vez la llama que purifica el alma y la redime! Y alzando al alto cielo que se inflama

la faz inquieta, en su terror sublime, -¡Dios que ofendí, misericordia! -clama

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