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1832–1903

El único día del paraíso – IX

Gaspar Núñez de Arce

La rencorosa culpa que con ellos marcha invisible, sus conciencias muerde para que el bien pasado les recuerde el dolor, y se ericen sus cabellos

Ya la tierra, a los pálidos destellos de amortiguada luz, sus galas pierde y no muestran el monte, ni la verde selva, ni el cielo azul tonos tan bellos

La tristeza aumentando del paisaje, oyen por donde van, lúgubre y queda la voz de su delito que los nombra. Y lejos, por los troncos y el follaje

de la intrincada y tétrica arboleda, ven flotar los fantasmas de las sombras.

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