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1832–1903

El único día del paraíso – IV

Gaspar Núñez de Arce

La muda soledad del firmamento, como un lago, tranquila y transparente, el murmullo apacible de la fuente, la rumorosa undulación del viento,

de la vida el perpetuo movimiento que Adán, embelesado, admira y siente, todo sume su espíritu inocente en grave y religioso arrobamiento

Con el llanto agolpándose a sus ojos, sobrecogido ante grandeza tanta, póstrase, en tierna adoración, de hinojos. Y es, bajo el solio del espacio inmenso,

la primera oración que a Dios levanta, pura cual nube de oloroso incienso.

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