Arenoso, desierto, y seco prado,
tú, que escuchaste el son de mi lamento,
hinchado mar, mudable y fiero viento,
con mis suspiros tristes alterado;
duro peñasco, en do escrito y pintado
perpetuamente queda mi tormento,
dad cierta relación de lo que siento,
pues que Marcelio sola me ha dejado
Llevó a mi hermana, a mí puso en olvido;
y pues su fe, su vela y mi esperanza
al viento encomendó, sedme testigos,
que más no quiero amar hombre nacido,
por no entrar en un mar, do no hay bonanza,
ni pelear con tantos enemigos.