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1603–1658

- XLV -

Gabriel Bocángel y Unzueta

¡Señor, que viera un pedernal helado sangre de fuego de un acero herido! ¡Y que a la cera el bronce endurecido hurte obediencias, del calor tratado!

¿Qué tiemble un monte al rayo sospechado, y el hombre no le sienta, de él herido! Pues, si se advierte, es rayo sin ruido dentro del pecador cada pecado.

¿Qué villano, a quien víbora inclemente el pecho le ocupó mientras dormía, despierto, no se hurta a su veneno? Huye veloz, ¡oh planta delincuente!

Huye, porque del rayo de este día podrá la permisión ser tardo trueno.

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