Que son catorce siglos a quien ama
que la perpetuidad del edificio,
de quien sólo la edad es precipicio,
que humilla Atlantes, Caúcasos derrama.
Cuanto vive el retrato de la llama
con que aplaude a la muerte el necio
osando con desprecio y artificio
maquinar vida, suponiendo fama.
Que cuanto ofrecen siglos a deseos,
cuanto vive la vida, si la muerte
en todo lo que el tiempo tiene parte.
El tiempo morirá, y a los trofeos,
que él rinde, vengará mi firme suerte,
pues, como premio, anima el adorarte.