Os ofrezco los ayes, los dolores,
las angustias que amargan mi existencia,
a la vez en descargo y penitencia
de mis culpas, Señor, y mis errores
Dones son y magnánimos favores
que despiertan la voz de mi conciencia
y me acercan a Vos Vuestra inocencia
padeció por mi bien penas mayores
Sufra yo, pecador empedernido,
pues Vos sufristeis, implacable y puro
¿Cómo alcanzar vuestro perdón, si olvido
que a este valle bajasteis, «hondo, escuro»
sólo, Señor, por verme redimido
y conducirme al «inmortal seguro»?