A triunfar de continuo acostumbrado,
decía un luchador jamás vencido,
aun la causa explicarme no he podido
de mi primer desastre inesperado
Nada abatió mi espíritu esforzado
por la envidia y la injuria combatido
Y al fin, para caer como he caído,
un mohín de la suerte me ha bastado
-Eleva, le repuse, la mirada
a la alta cumbre, en el azul perdida
de la etérea región inexplorada
Y advertirás, al restañar la herida,
que es tan rápida y fácil la bajada,
como lenta y penosa la subida.