¿Por qué he de amar y apetecer la vida,
si es mi vida durísimo tormento,
que a la vez voluntad y entendimiento
flagela sin piedad y sin medida?
No ambiciono vivir Mi alma, rendida
al rigor del continuo sufrimiento,
feliz, Señor, contemplará el momento
que ponga fin a su misión cumplida
El pájaro se esconde en la enramada
cuando ruge el ciclón -Mas, ¡ay!, ¿mi suerte
me obliga a pelear? Dame una espada,
infúndeme la fe del hombre fuerte
y haz, Señor, que termine mi jornada
vencedor de la vida y de la muerte.