Bien te veo correr, tiempo ligero,
cual por ancho mar despalmada nave,
a más volar, como saeta o ave
que pasa sin dejar rastro o sendero.
Yo, dormido en mis daños, persevero,
tinto de manchas y de culpas grave;
aunque es forzoso que me limpie y lave
llanto y dolor, aguardo el día postrero.
Este no sé cuando vendrá; confío
que ha de tardar, y es ya quizá llegado,
y antes era pasado que creído.
Señor, tu soplo aliente mi albedrío
y limpie el alma, el corazón llagado,
cure, y a ablande el pecho endurecido.