Cuernos hay para todos, sor Corbera;
no piense que ha de ser solo el cornudo.
Valdés lo pretendió, mas nunca pudo
restañarle los cuernos a Cabrera.
No es sola su mujer la cotorrera:
putas le sobran a cualquier desnudo,
y la pieza del ciego y la del mudo
no iguala a la de ser catarribera.
¿Quiere alzarse a mayores con el cuerno?
Pues, mientras yo viviere, está engañado;
que por un privilegio del infierno
soy proveedor de testas de ganado,
cornudo óptimo, máximo y eterno,
y soy la quintacuerna destilado.