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1584–1645

De Quevedo a un clérigo

Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

Adoro, aunque te pese, Galileo, el pan que muerden tus rabiosos dientes; adoro al que, en mortaja de accidentes, vivo en la muerte que le diste veo.

Adoro a Cristo y sus preceptos creo, aunque de enojo y cólera revientes; espérenle, si quieren, tus parientes, que yo en el sacramento le poseo.

Mas ya que en muerte ignominiosa y fiera, tus padres le abrieron el camino, no le persigas en el pan siquiera; pues en tu boca, a lo que yo imagino,

no le tomaras nunca si él hubiera, no quedándose en pan, sino en tocino.

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