Estaba Lisis en campal batalla
resistiendo de Félix el asalto,
que, encendido de amor, de juicio falto,
solicitaba, descortés, gozalla.
Derribola y no pudo sujetalla
porque, al ir con el ansia a dar el salto,
de un respingo le echó Lisis al alto
y a pie juntillas defendió su valla.
Ya verán que es forzoso que se emperre
Félix amante con tan ruin suceso;
no hay que espantar que con amor se yerre,
si con amor adarme no hay de seso.
En fin, ella se estuvo erre que erre
y el pobre se quedó tieso que tieso.