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1618–1680

- XXIII -

Francisco de Trillo y Figueroa

De una nudosa haya carcomida ya de los siglos por que había pasado, honor de las montañas y sagrado de las fieras, a quien era acogida,

una rama rebelde y desabrida una siesta Daliso había cortado para sustituir de su cayado la antigua paz, la anciana fe rompida.

«Ya que el grueso bastón (aunque prolijo) vido obediente a su maestra mano, al cielo se volvió, y así impaciente, vengarme, dioses, de una ingrata, dijo,

pues un tronco a mi ruego es tan humano, y ella a mi dulce fe tan inclemente.»

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