¡O, nunca bien asegurados bienes,
cómo seguís las esperanzas vanas,
hechas del tiempo instables y livianas,
por violencia cruel de mil vaivenes!
Corona, tiempo, tus nevadas sienes,
si ya de mis pasiones no te humanas,
y ornen tu carro las reliquias sanas
de quien no triunfa amor con sus desdenes.
Sigo la multitud aprisionada,
como despojo de la cruel victoria
con que el tirano Dios humilla el suelo.
Deshecha mi firmeza desdichada,
no me admite en su Reino ni a su gloria:
¡y después de esto me sustenta el cielo!