Ríndeme amor el fuerte de mis ojos
desde los más hermosos de la tierra,
y ofreciéndome paz y dando guerra,
ornan su bello carro mis despojos.
Y con los encendidos rayos rojos
que por los ojos en el alma encierra,
tal vez mis males con su luz destierra
y tal vez acrecienta mis enojos.
Yo, de mi bien y de mi mal contento,
el que me acaba dulcemente sigo,
con las cautivas caras prendas mías.
Y es el tirano crudo tan violento,
que porque no me opongo a sus porfías,
trata mi fe y amor como enemigo.