Turbia y oscura noche, que el sereno
cerco del cielo tienes escondido,
el mar revuelto, el suelo entristecido
y el aire de nocturnos monstruos lleno,
así de las tinieblas, que el ameno
Céfiro te deshace, y el dormido
silencio te acompañe, y del florido
Beleño orne la sien, y adorne el seno.
Y así de las Arabias y Sabeas
regiones, oloroso Cedro traiga
navegante a tu templo y sacrificio;
que antes que tu niebla oscura caiga,
vea mi luz, y siempre tú me veas;
débate yo tan grande beneficio.